Conferencia: La herencia de don José María Sierra Sierra - El seminario conciliar de Bogotá y el parque del Chicó

 

Don Pepe Sierra nació en 1848 en Girardota, población situada al norte de Medellín, famosa por sus trapiches, el aguardiente de contrabando, los gallos de pelea y el santuario del Señor Caído. Como el segundo de 12 hermanos, nace aquel hombre que marcaría la historia de la economía colombiana desde fines del XIX hasta comienzos del siglo XX; recordado a través de las décadas y hasta el presente como Pepe Sierra, quien pese a su analfabetismo, la indescriptible habilidad en los negocios hicieron de aquel joven un apasionado por las inversiones y los terrenos. Caso único en la historia de Colombia, se dice que llegó a ser más solvente que todo el gobierno de su época. La manera sencilla como un campesino de origen humilde acumuló y administró una de las mayores fortunas del siglo XIX y principios del XX, lo que lo ha convertido en un personaje de leyenda.

Ya anciano y rico, contestó al Notario que pretendió enseñarle la ortografía de la palabra "hacienda": "Mire, joven, yo tengo setenta haciendas sin h, ¿y usted, cuántas tiene con h?". Si bien la fortuna de don Pepe Sierra se centró en la tierra, un negocio que le dio muy buenos frutos fue el de los remates de las rentas de licores. Los remates eran el medio para procurarse anticipos de individuos particulares con un importante músculo financiero que las adquirieran casi de contado. Vertiginosamente él se convirtió en el más fuerte rematador y prestamista a nivel nacional, con base en un simple sistema administrativo de negocios, con una intrincada red de agentes diseminada por todo el país, encargados de negociar y de cobrar -con especuladores particulares y gobiernos locales- la adjudicación de las apetecidas, jugosas y hasta insólitas rentas, como aquella del monopolio del hielo en Panamá, establecida en el gobierno de Reyes.

Extendió el negocio del aguardiente al Valle del Cauca junto con Apolinar, uno de sus hermanos esquizofrénicos, compraron fincas en Cali, Palmira y Yumbo, y la marca Sierra Hermanos se posicionó rápidamente entre los ganaderos de la región, produciendo por muchos años el mejor licor del país.  Desde su juventud fue un apostador empedernido en las galleras de Girardota, Itagüí, Medellín y Bogotá. Se enojaba con los hijos, no porque jugaban mucho sino porque siempre perdían. 

El primer viaje a Bogotá lo realizó en 1888, a los 40 años de edad. Fue el principio de una residencia de 26 años en la capital, donde se inició como apostador y gallero en los bajos fondos de San Victorino y terminó en la Calle Real, en medio de los bancos y de los opulentos. Casó a su hija, Clara con un hijo del célebre presidente general Rafael Reyes Prieto, pisó con frecuencia las alfombras del Palacio de La Carrera y llegó a ser el mayor propietario de tierras y ganado de la Sabana.  Don Pepe compró terrenos a lo largo y ancho de la sabana: en Nemocón, Zipaquirá, Sopó, Tibitó. Donde la tierra fuera buena. Pero la compra que levantó risas entre sus contemporáneos fue la de la Hacienda El Chicó, del Mono Saíz. En ese entonces el único que anticipó la importancia que iba a tomar la carrera 7a. al norte fue don Pepe. Los demás pensaron que estaba loco.

Naturalmente que en aquella cerrada y atávica sociedad como la bogotana la preeminencia social de la ‘nueva clase’ alimentó el resentimiento de los grupos más tradicionales, de donde surgieron escritos mordaces y de desprecio hacia la ostentación y el dudoso refinamiento de los nuevos ricos que pronto ascendían en la ciudad. Sin embargo, rápidamente desapareció la timidez del campesino, convencido de ser el único capaz de sacar de apuros a los paupérrimos gobiernos de su época y prestar dinero a los mandatarios de turno hasta para pagar los sueldos de los militares y soldados. Los presidentes Rafael Núñez, Miguel Antonio Caro, Carlos y Jorge Holguín, José Manuel Marroquín, Rafael Reyes, Ramón González Valencia y Carlos E. Restrepo estuvieron en su lista de clientes.

Don Pepe, hombre de negocios y cuya vida se colmó de un sin número de historias, empresas, negocios e intercambios, es recordado por su sencillez y discreción dejando de lado la ostentosidad de la que si gozaron su esposa e hijos pero con una extraordinaria visión para los buenos negocios. Dentro de la prosperidad de su actividad comercial, mercantil y de finca raíz, se destaca la adquisición de alrededor de 70 haciendas en distintos lugares del territorio nacional y cuya particularidad radicaba en no conocerlas todas, aunque pese a ello su administración se daba exitosamente a distancia.

Al final de sus días, fue atacado por crisis nerviosas y fuerte arterioesclerosis, acompañadas de crónico desinterés por los negocios. La familia empeoró la situación: gastaba a manos llenas en Europa, sin prestar atención a la administración de las fincas, en muchas de las cuales se construyeron lujosos palacetes, como el del Chicó.

En la biografía sobre su abuelo, Bernardo Jaramillo anotó que las negociaciones de Pepe Sierra serían vistas hoy como irregulares; pero fue el débil sistema económico colombiano lo que dejó al Estado en manos de prestamistas como única forma de garantizar su funcionamiento. Entonces no existían medios como el control de cambios, ni un emisor sistemático y acreditado, y sí graves problemas como una tasa de cambio entre el diezmil y el quincemil por ciento y fuerte inestabilidad política.

Pepe Sierra murió en 1921 en su casa de la plazuela de San Ignacio de Medellín a donde había regresado presintiendo que ya habían terminado su vida y sus negocios en la capital y que no quería fallecer lejos de su terruño y desde 1914 regresó a Antioquia.  Encomendó al ingeniero Antonio J. Duque y al arquitecto Dionisio Lalinde la construcción de su casa en aquella prestigiosa zona de Medellín, sobria y elegante en ladrillo a la vista, lamentablemente demolida en la actualidad. La fortuna que creó, a pesar de las múltiples subdivisiones, sigue siendo sólida. Su nombre es recordado por uno de los más ricos y jocosos anecdotarios populares, y su vida y obra son temas de trabajo de los especialistas, como que resulta básico para comprender muchos aspectos de la historia social y empresarial del país.

En conclusión Pepe Sierra Sierra es un modelo antioqueño, que gracias a sus méritos propios como esfuerzo, dedicación y ahorro, logró la formación de una fortuna de una gran cuantía, obtenida de su diversificación en las distintas áreas de negocios y su habilidad de visión a futuro a largo plazo; claro ejemplo de ello es la percepción que tenía de la avenida séptima, ya que decía que puesto que cruzaba desde la Plaza de Bolívar hasta el Puente del Común, aunque en esa época no fuese así, sería el eje del futuro desarrollo de la ciudad y fue sobre este eje que adquirió su hacienda de El Chicó.  Otro punto de anotar es que él nunca olvidó su origen de campesino antioqueño, por lo que legó parte de su capital después de su muerte para la creación de obras sociales.

Académico

Bogotá vino a participar de la fortuna de los Sierra con la muerte de su hija, Mercedes Sierra de Pérez, quien le legó a la Sociedad de Embellecimiento de Bogotá, la Casa y parte de la hacienda del Chicó, y al municipio de Sopó la Hacienda Hatogrande. Esta propiedad, de 200 fanegadas, pasó después a ser residencia campestre del presidente de la República.

Doña Mercedes Sierra de Pérez, heredera de la hacienda El Chicó en Bogotá, la “tía Memé”, dama bogotana distinguida por la sociedad capitalina como carismática y a su vez excéntrica, dados sus continuos viajes a otros continentes en especial al viejo mundo, gustó siempre de llevar consigo un recuerdo material de aquellos recorridos; diversas piezas de arte le acompañaron siempre para embellecer sus haciendas, particularmente la del Chicó,  donde aquella singular mujer cuya alma se encontraba llena de cultura e inquietudes filantrópicas, desarrolló y floreció su vida capitalina.

Motivada por un espléndido espíritu cívico hizo en vida y en su testamento legados como habíamos dicho, a la Sociedad de Embellecimiento de Bogotá -de la cual fue presidente- hoy Sociedad de Mejoras y Ornato y al municipio de Bogotá, como la vieja casona de la hacienda del Chicó con toda su colección de arte y antigüedades coloniales, para que sirviera como museo, verdadero remanso en la agitada vida citadina y el terreno de diez hectáreas de jardines como parque infantil abierto al público.

En octubre de 1951 constituyó una sociedad con la Urbanizadora Ospinas y Cía. para desarrollar una gran urbanización de lujo de 150 fanegadas en los predios del Chicó., "el campesino millonario". A los descendientes de la Tía Memé, continuando la obra filantrópica de don Pepe Sierra, en la alcaldía de Fernando Mazuera Villegas les correspondió negociar otra de las grandes haciendas de doña Mercedes, la hacienda de La Florida, pues el mandatario distrital era consciente que había partido por la mitad uno de los más bellos parques de Bogotá, el de la Independencia, con la apertura de la calle 26 y sus puentes, a mediados de los años 50s. Mazuera Villegas concretó la negociación y expropiación para Bogotá de más de 1300 hectáreas en las márgenes de la ciudad con un gran lago y humedal, luego organizado como parque distrital metropolitano de La Florida.

Muy distante de la avaricia, al fallecer Doña Mercedes se conoce el legado que deja el recorrido de su sonrisa por el paso de la vida; ella, que no concibió hijos y bajo testamento, cedió sus bienes familiares a las entidades citadas y su familia y heredad continuó ese espíritu cívico y esa filantropía para con Bogotá. A partir de la donación global, se va organizando el uso de la casa de la hacienda y la Sociedad de Embellecimiento de la ciudad, que la recibió, que desde 1930 será la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá, comenzó a operar desde aquella casa que por años resguardó los sueños y los recuerdos de Doña Mercedes. Para 1964 y bajo la dirección de esta Sociedad filantrópica, el recinto es convertido en museo de artes decorativas Mercedes Sierra de Pérez, dada la cantidad de reliquias y piezas de arte que existían, con lo que logró conservarse definitivamente el ambiente de épocas anteriores y el legado de esta hija de don Pepe Sierra.

Los jardines, particularmente los situados al sur de la casa, contra la calle 92, se abrieron como parque público, que buena falta le hacía al barrio. Al pasar del tiempo y tras inventariar cada uno de los elementos de la colección de la casona, va madurando dentro el Museo la adecuación de cada uno de sus espacios, para dar a conocer el valor individual de los elementos y reunir ciertas unidades en salas específicas y también se organizan varios salones y servicios para que la Sociedad de Mejoras y Ornato pueda desarrollar sus actividades y prestar servicios de alquiler para eventos, matrimonios, películas, con los cuales financia gran parte de sus actividades, sobre todo el mantenimiento de ese inmenso lote y de aquella verdadera mansión colonial con su museo.

El Seminario Mayor de Bogotá, oficialmente Seminario Conciliar de Bogotá o conocido también como Seminario Mayor de San José, es un Seminario católico para la formación sacerdotal y pertenece a la Arquidiócesis de Bogotá y es uno de los más antiguos de América, fundado en 1581 como Seminario de San Luis. El máximo regente local del Seminario es el Señor Arzobispo de Bogotá. Se destacó en este seminario la obligación que tenían los alumnos de aprender lengua indígena para su futuro desempeño pastoral, lo cual explica el concepto de conciliar, que significa que se debía conocer la lengua nativa y conciliar los esfuerzos. 

El costado oriental de la hacienda de El Chicó, de la carrera séptima a los cerros orientales, fue vendido a la Arquidiócesis de Bogotá para que construyera su seminario conciliar. Le correspondió al arzobispo Perdomo lidiar con el arrojo de Mercedes Sierra, quien lo puso en aprietos para conseguir el dinero. La revista Semana publicó el 27 de septiembre de 1947, un artículo con el título, 'Una mujer original', que en uno de sus apartados dice: "Doña Mercedes negoció con el seminario unos terrenos extensos y valiosos de propiedad de ella, por un precio comercial. No quiso rebajar un centavo. La curia no tenía el dinero completo y pidió plazos. Tampoco los concedió. Los negocios son negocios. Llegó el día de firmar la escritura y doña Mercedes recibió su cuantioso cheque, tan difícilmente completado. Acto seguido lo endosó por detrás, al seminario, con destino a la construcción del edificio. Quería que los interesados hicieran el esfuerzo de conseguir el dinero y lo tuvieran en mano, para que la empresa no volviera a vararse".

A José María Montoya Valenzuela, arquitecto del Seminario Conciliar,  lo obsesionaba la luz.

Este arquitecto bogotano, nacido el 23 de abril de 1897, creó uno de los más interesantes lenguajes arquitectónicos de la ciudad, jugando con los llenos y vacíos en las fachadas, con las luces y sombras, trabajando el ladrillo con maestría y arte,  pero su obra es poco conocida. El ladrillo a la vista y los espacios abiertos marcaban la identidad de su producción arquitectónica, pionera en ese sentido, en lo que ahora es el común denominador y la característica de la producción bogotana y colombiana, el eterno y hermoso ladrillo tolete recocido de los antiguos chircales y ladrilleras del sur de Bogotá.

Uno de los ejemplos más claros de esa pasión de Montoya Valenzuela es el hermoso edificio del Seminario Mayor de Bogotá, en aquel lote que formaba parte de la heredad de Mercedes Sierra de Pérez, frente justamente al Parque de El Chicó y la Casa Museo que recuerda a esta distinguida hija de don Pepe Sierra. El edificio es sobrio y silencioso, pero con una identidad propia que lo convierten en una de las construcciones que más resaltan en el urbanismo bogotano, como una transición entre la arquitectura republicana y la moderna. La capilla del lugar es uno de los sitios que más impacto causa. Las bóvedas de concreto reforzado fueron construidas por la firma del ingeniero Fausto Galante T: y las vidrieras esmaltadas al fuego se hicieron en el taller de Walter Wolff.

24 de Agosto de 2017, de 07:00 PM a 09:00 PM GMT -5

Calle 92 No 16-11

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